Gregorio Céspedes o de Céspedes, sacerdote jesuita y escritor español.
Biografía
Llegó a Nagasaki (Japón) en 1577 junto con catorce compañeros de su orden y pasó en Oriente 34 años. El 6 de septiembre de 1593 desembarcó en Corea; cuatro cartas que escribió entonces son el primer testimonio escrito de la presencia occidental en dicho país.
¿QUIÉN FUE GREGORIO DE CÉSPEDES?
Nació en 1551 en Madrid y su padre era el licenciado Fernando de Céspedes y Oviedo, corregidor y juez de residencia en la villa de Madrid de 1551 a 1557, antes lo había sido de Granada, y su madre, doña María de Simancas, natural de Villanueva de Alcardete. Dos sobrinos de Céspedes vistieron el hábito de la Orden de Santiago y del expediente de dicha Orden, guardado en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, podemos confirmar el linaje noble de su familia.
Estudió en Salamanca e ingresó en la Orden de San Ignacio de Loyola en esa ciudad, el 28 de enero de 1569. Hizo los primeros votos en Ávila [140] en 1571, y luego, comenzando los estudios de teología, le mandó la Santa Obediencia para la India Oriental. Llegó a Goa, pasando por Lisboa, en 1574, y en la India se ordenó sacerdote en 1575; se trasladó a Macao en 1576 para embarcarse para Japón. En julio de 1577, junto con 14 compañeros jesuitas, llegó a Nagasaki. Desde entonces recorrió varias partes del Japón, emprendiendo con entusiasmo su misión evangélica. Desde 1579 hasta 1587 para Céspedes será el período de culminación de su labor misionera y cultural en Japón. Conocía a mucha gente de clase noble en la región de Meaco, entre ellos destaca Konishi Yukinaga cuyo nombre católico era Agustín, con el que mantuvo estrechas relaciones. Después de que Hideyoshi proclamase el edicto de expulsión de los misioneros en 1587, Céspedes y sus compañeros se vieron obligados a ocultarse en la región de Kysh bajo la protección de los daimyos cristianos.
Hideyoshi inició la invasión contra los coreanos en abril de 1592 bajo el pretexto de conquistar la China. Casi todos los daimyos cristianos de Kysh bajo el mando de Agustín desembarcaron en las tierras coreanas como vanguardias de la guerra. Con este motivo, Gregorio de Céspedes pudo pisar el suelo coreano como primer visitante occidental el 27 de diciembre de 1593, y allí pasó un año aproximadamente. Su viaje fue realizado secretamente a solicitud de Agustín y otros daimyos cristianos sin que Hideyoshi conociera el hecho. Pero Kato Kiomasa, llamado Toranosuque, capitán budista y rival de Agustín en la empresa de la guerra, se dio cuenta de que un padre permanecía en la fortaleza de Comungai para predicar a los soldados. Toranosuque, envidioso del triunfo de Agustín, trató de desacreditarle acusándole ante Hideyoshi de haber invitado a un Padre contra su orden. Al saber esta situación tan adversa, Agustín quiso que Céspedes volviese a Japón inmediatamente para evitar la posible furia de Hideyoshi. Así es que Céspedes debió abandonar Corea contra su voluntad. En su camino de regreso llevó a un niño coreano cautivo al colegio de Japón.
En febrero de 1597 vio personalmente el gran martirio de Nagasaki y se trasladó en 1602 de Nakatsu a Kokura, donde él mismo estableció la residencia jesuita y falleció allí en 1611.
Todos los documentos disponibles dicen que Céspedes era robusto y con buenas fuerzas y muy bien dispuesto. Era querido de toda la gente, y su inteligencia y su virtud se revelan en epístolas que dejó escritas a lo largo de 34 años de estancia en Oriente; no sólo fue un verdadero soldado de Jesucristo, sino también uno de los cronistas de los acontecimientos más importantes de aquella época en el Extremo Oriente.
http://hispanismo.org/hispanoasia/4922-un-misionero-espanol-en-corea.html
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Corea, último país asiático que se da a conocer en Europa
Asia ha estado presente en el mundo occidental desde tiempos remotos, hasta el extremo de haber, ya en la Edad Media, intentos de cátedras de idiomas orientales en universidades europeas2 y trazados de rutas capaces de saciar cualquier ansia de expansión territorial y religiosa hacia la zona. Sin embargo, no ha sido así para Corea, país tan aislado como ermitaño y, según Chul Park, especialista en la materia, último reducto oriental que se da a conocer en Europa.
La Península, foco de intensas competencias imperialistas, consigue en el 668 la unificación de sus tres reinos —el reino Koguryo (37 a. C.-668 d. C.), el reino Paekche (18 a. C.-660 d. C.) y el reino Shilla (57 a. C.-935 d. C.)— en este último, el reino Shilla, y desde entonces y a pesar de sus sucesivas invasiones extranjeras, principalmente de chinos, mongoles y japoneses, se ha caracterizado por una identidad cultural y étnica bastante definida y homogénea, propia de un pueblo conocido como «Estado eremita» y, durante mucho tiempo, reacio por naturaleza a presentarse en público.
En 1592 invaden los japoneses, país descubierto ya por los portugueses en el año 1543 y evangelizado por la Compañía de Jesus, y desde donde llegará, en 1593, el jesuita español Gregorio de Céspedes3 para llevar a cabo su misión evangelizadora y, por ende, descubrirnos al mundo occidental.4 Es por estas fechas cuando aparecen las primeras menciones de nuestra cultura en español, con informes de los mismos misioneros y textos de historiadores como Luis de Guzmán (1610) en los que se dice:
El reino de Corea está a 80 leguas de Hirado, Japón, hacia el norte, y limita esta gente con tres naciones [...]. Los coreanos hacen piezas de seda, pero lo más ordinario es de lino y algodón. Dicen que en el interior hay minas de oro y plata y se crian muchos y hermosos caballos, vacas, tigres y otros diversos animales fieros. La gente es pacífica e inteligente, y comúnmente blanca, de gran fuerza y hábil con el arco.5
Es el primer encuentro entre España y Corea, encuentro que aún hoy se sigue rememorando tanto en el pueblo natal del jesuita, Villanueva de Alcardete (España), donde se inauguró el 9 de noviembre de 1991 un centro cultural, como en la primera ciudad coreana a donde llegó el sacerdote, Chinje, que, a su vez, levantó una estatua igual a la del centro de Villanueva de Alcardete en homenaje a este primer europeo que fue, y sigue siendo, referencia obligatoria para los que, aún después de más de medio siglo de haber entrado el español en las aulas universitarias, continuamos trabajando por promover y estrechar nuestras relaciones con el mundo hispánico.
De aquella invasión japonesa que trajo a Céspedes y, con él, los albores de un cristianismo que se ha convertido hoy en la religión dominante, con un 51,8% de creyentes, aunque de mayoría protestante, a esta otra, mucho más reciente (1910-1945), hay mucho trecho andado, pero en esencia, antes como ahora, viene a representar una sacudida para nuestras tradiciones y un despertar a la identidad nacional y al patriotismo que muchos de nuestros antepasados desarrollaron como armas de defensa.
Treinta y cinco años de yugo japonés, que tuvo como objetivo fundamental la explotación económica del país, y una guerra civil que, aunque materialmente duró sólo tres años, sigue presente en ese paralelo 38 que los convierte en países remotos e inaccesibles, deterioraron enormemente la calidad de vida de la población pero al mismo tiempo contribuyeron, sin ellos pretenderlo, a crear ese recurso humano basado en principios confucianos y, en ese sentido, de grupo como identidad cultural que supo poner en marcha la maquinaria social en pro del desarrollo y colocarse ya en 1996 en el puesto número 11 de la clasificación mundial con una renta actual per cápita de 11.400 dólares estadounidenses.
NOTAS
1. Cf. Chul Park, «El español en Corea», en Corea: tradición y modernidad, Verbum, Madrid, 2003, p. 21.
2. A principios del siglo XIV Raimundo Lulio abogaba por el establecimiento de cátedras de idiomas orientales en las universidades europeas, y hacia 1375 geógrafos mallorquines trazaban un mapa de Eurasia. Cf. Carlos Sanz, Primitivas relaciones de España con Asia y Oceanía, Librería General, Madrid, 1958, pp. 35-45.
3. El jesuita Gregorio de Céspedes llega a Nagasaki (Japón) en 1577 junto con catorce compañeros de la orden. Cf. Chul Park, Gregorio de Céspedes, jesuita español y primer visitante europeo a Corea en el siglo XVI, Universidad Sogang, Seúl, 1987.
4. El hispanista coreano Chul Park recoge cuatro cartas sobre el país del jesuita español, en su tesis doctoral, Testimonios literarios de la labor cultural de las misiones españolas en el Extremo Oriente, Ministerio de Asuntos Exteriores de España, Madrid, 1986.
5. Cf. Luis de Guzmán, Historia de las misiones que han hecho los religiosos de la Compañía de Jesús para predicar el Santo Evangelio en la India Oriental y en los reinos de la China y Japón, Bilbao, 1891.
http://cvc.cervantes.es/lengua/anuario/anuario_05/kwon/p01.htm
http://forum.axishistory.com/viewtopic.php?f=57&t=123041
domingo 7 de marzo de 2010
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